Mexicali, B. C.

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Mexicali, B. C. México

sábado, 18 de agosto de 2018

EL ESTADISTA DEBE APARECER YA.

Proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional
de la ciudad de México
Andrés Manuel López Obrador, presidente electo de México para los próximos seis años, insiste en hacer una consulta popular para decidir si se continúa o no la construcción del nuevo aeropuerto de la ciudad de México.

Durante toda su campaña, López Obrador,  una y otra vez manifestó que cancelaría la construcción del nuevo aeropuerto. Pero casi al final de su campaña, tal vez por consejo de sus asesores en el sentido que sería una barbaridad cancelarlo, flexibilizó su posición y propuso la consulta popular como una posible solución. También propuso, en caso de continuar la construcción del aeropuerto, que la inversión corriera a cargo de la iniciativa privada y recibiera a cambio la concesión de su operación.

Dicha consulta se realizará en dos fases. La primera consiste en recabar la opinión de expertos y organizaciones de la sociedad civil. La segunda será al pueblo en general, sobre lo cual insiste López Obrador, será la definitiva, porque en su opinión el pueblo es sabio y no se equivoca. Solo que hay innumerables pruebas en la historia universal que demuestran que el pueblo bueno si se equivoca. Pero aquí hay una razón indiscutible, la mayoría del pueblo bueno no tiene la más remota idea de ingeniería civil, aeronáutica o flujos financieros.

En principio hay una insensatez en el procedimiento, ya que la mayoría de las opiniones  de los expertos y de las organizaciones civiles versadas en el tema son favorables a la continuación de la construcción. Por otra parte, López Obrador, da la impresión que espera que la consulta popular le favorezca y sea negativa a la construcción. Es decir, si lo último va a prevalecer sobre lo primero, no tiene sentido recabar la opinión de los expertos. 
  
Pero ¿Cuál es el motivo de la insistente negación de López Obrador? En mi opinión no es la erogación que tendría que hacer el gobierno, ya que se ha demostrado que la operación del nuevo aeropuerto será altamente rentable. Lo que parece incentivar a López Obrador es el hecho que ésta magna obra no será un galardón para él, ya que fue promovida por el actual presidente de México, Enrique Peña Nieto, y que sin duda pasará como una obra muy relevante en la historia.

En contraposición López Obrador proyecta construir una gran refinería de petróleo, un ferrocarril trans-ístmico y últimamente un ferrocarril que circunvale la península de Yucatán, solo que,  contrario al aeropuerto, algunos expertos dudan de la rentabilidad de estos proyectos. Todas estas obras, cuando menos en lo que se ha dado a conocer, serán construidas con dinero del erario público, pero sin ninguna consulta popular. Aquí se aprecia un sesgo de inequidad, ¿Porqué en un caso si y en otros no?

En cuanto a la consulta popular, cuando menos hasta ahora, López Obrador no ha dicho como se haría. La única consulta válida constitucionalmente es la que hace el Instituto Nacional Electoral (INE) y este solamente la puede organizar en coincidencia con elecciones generales. Cualquier otra consulta, sea telefónica o encuesta no tendría ningún valor vinculante, salvo para López Obrador, que ya con todo el poder en sus manos la haría prevalecer.

Tenemos aquí un presidente electo que en su terquedad de no dar crédito al presidente saliente insiste en cancelar la continuación de la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la ciudad de México. Tal vez, al interior, reciba el respaldo de quienes le dieron su voto, pero a cambio haría un ridículo de proporción mundial y acarrearía un descrédito internacional para México. 

Yo espero de verdad que Andrés Manuel López Obrador, presidente, deje de lado sus egos, tome las riendas del proyecto, le ponga su sello personal  y no permita que las ambigüedades desfiguren la imagen de estadista que debe ser. 


Adolfo Camacho Gómez